HISTORIAS DE LOS PROFETAS

El Profeta Suleiman (Salomón) la paz sea con el.

Suleiman era hijo de David. Como ya sabéis, Suleiman era ya muy justo cuando aún era un muchacho, y llegó a ser muy conocido y respetado por su sabiduría. Cuando se hizo un hombre, Dios le hizo Su Profeta. Dios le enseñó también a entender el lenguaje de los pájaros y de los animales. Pero, a pesar de su sabiduría y de sus grandes riquezas, Suleiman nunca olvidó a Dios. Sabía que todo lo que es bueno viene de Dios. Por esto, siempre decía a su gente: Dad gracias a Dios por el bien que os ha dado y por Su generosidad. Adorad a Dios y haced buenas obras.

Una vez, Suleiman y sus soldados iban marchando por un valle habitado por hormigas. Suleiman oyó como una hormiga le decía a otra ¡Rápido, apartaos del camino y escondeos!, ¡Vienen Suleiman y sus soldados y nos pisarán, y ni siquiera se darán cuenta de que lo han hecho! 

Suleiman que, por supuesto, podía entender la lengua de las hormigas, se rió y ordenó a sus soldados que se detuvieran y esperaran a que las hormigas se pusieran a salvo. Luego rezó a Dios: Oh Dios, ayúdame a hacer buenas acciones para que Tu estés satisfecho conmigo. 

Un día, Suleiman llamó a todos los pájaros para que se reunieran en torno a él, pero cuando echó un vistazo a la bandada, se dio cuenta de que faltaba la Abudilla. Suleiman esperó un tiempo y cuando estaba a punto de decidir no esperar más, apareció volando de repente la Abudilla y se posó junto a Suleiman. Vengo de una ciudad muy lejana que se llama Saba, dijo la Abudilla. La gente es muy rica y tienen una reina que se sienta en un trono magnífico. Aquella gente adora al sol y creen que es correcto tomar al sol como Dios. Pero se equivocan, ¿verdad que si? Nunca encontrarán el camino correcto hacia Dios si siguen así. Dios es el único al que las criaturas deben adorar. 

Suleiman escribió entonces una carta a la Reina de Saba y mandó a la Abudilla para que se la entregara. 

Cuando la reina de Saba recibió la carta mandó llamar a todos los sabios de la ciudad. He recibido una carta de Suleiman, les dijo. En ella, Suleiman me escribe que debemos creer en Dios y adorarle sólo a Él. ¿Qué me aconsejáis que debo hacer? Somos muy poderosos y podemos enfrentarnos con Suleiman, pero tú debes decidir lo que vamos a hacer, respondieron los sabios. 

Pero una guerra, explicó la reina, podría provocar la destrucción de nuestra ciudad, y nuestros mejores guerreros se convertirían en luchadores crueles. Por lo tanto, preferiría no declarar la guerra. En vez de eso, mandaré un regalo a Suleiman. 

Cuando los enviados de la reina de Saba llegaron con el regalo, se quedaron muy sorprendidos al ver que Suleiman se ponía muy enfadado. ¿Por qué me traéis estos objetos, en vez de seguir mi consejo? les riñó Suleiman. Lo que Dios me ha dado es mejor que todos estos regalos. ¡Volvéis a vuestra reina y llevaos sus regalos! 

La Reina de Saba, cuando supo que Suleiman había rechazado su valioso regalo, se quedó también muy, sorprendida. Y decidió entonces ir ella misma a ver a Suleiman. Hizo reunir a la gente y realizó los preparativos para el viaje a la ciudad de Suleiman.

Cuando la reina llegó, Suleiman le habló acerca de Dios y ella comprendió lo equivocada que había estado al adorar al sol. Estás en lo cierto, le dijo a Suleiman, de ahora en adelante, sólo adoraré a Dios. El es nuestro único Señor y debemos obedecerle sólo a Él.