LOS PRIMEROS MUSULMANES

La primera persona en creer el mensaje de Muhammad fue su esposa Jadiya, madre de los creyentes.

Luego creyó Ali bin Abi Talib, que en ese entonces tenía 10 años y vivía en casa del Profeta.

Luego creyó Zaid bin Háreza, quien era un esclavo a quien el Profeta había dado libertad y la opción a los suyos de quedarse con él; Zaid eligió quedarse a vivir en casa del Profeta.

En cuanto a los primeros Musulmanes fuera de la casa del Profeta pues el primero fue Abu Bakr, quien era un amigo cercano del Profeta desde antes de la revelación, siendo una persona querida y apreciada por todos; era comerciante de buenas costumbres que no fue contaminado por la ignorancia y su salvajismo.

Luego se islamizó Bilal el etíope, quien era un esclavo negro propiedad de Umaya bin Jalaf quien solía castigarlo por islamizarse. Abu Bakr lo compró y le dio su libertad.

Luego se islamizó Amro bin ‘Abasa, quien se reunió secretamente con Muhammad en La Meca y le dijo:

“¿Qué eres tú?” Muhammad respondió: “soy un Profeta”. Amro preguntó: “¿Y qué es un Profeta?” Muhammad respondió: “es un enviado de Dios”. Amro preguntó: “¿Acaso Dios te ha enviado?”
Muhammad respondió: “sí”. Entonces ‘Abasa le dijo: “¿Y con qué mensaje te ha enviado?” Entonces el enviado de Dios dijo: “se me envió con el mensaje de que adores a Dios solo sin copartícipes, que rompas los ídolos y que mantengas los lazos familiares. Amro dijo entonces: “¡qué bueno eso que se te envió!” Y se islamizó.
Los primeros musulmanes solían islamizarse con sinceridad, obrando según manda el Islam e invitando a los demás al Islam de forma que cada musulmán se convertía en un divulgador del Islam.

Así pues: tras que Abu Bakr se islamizó invitó a sus amigos y les explicó sus bondades. Respondieron a u prédica:

Osmán bin Affan, Az Zubeir bin al ‘Awam, Abdurrahmán bin ‘Auf, Sad bin Abi Waqqás y Talha bin ‘Ubaidillah. Abu Bakr los llevó a todos para que anuncien su Islam ante el Profeta.

Después de tres años de divulgación en secreto, el número de musulmanes era alrededor de cuarenta hombres y mujeres que hacían sus rezos en sus casas y calles alejadas.

Quien los analiza notará que no pertenecían a una clase social en especial, pues habían libres y esclavos, árabes y extranjeros, hombres y mujeres, niños y adultos, poderosos y débiles, ricos y pobres, notables y desconocidos. Así es cuando la verdad llega a los corazones, pues no contempla divisiones sociales ni límites geográficos: esto prueba que el Islam es un mensaje universal.
También es necesario notar que los pobres, los esclavos y los oprimidos se apresuraron a islamizarse porque encontraron en el Islam el alivio a su padecimiento y la salvación ansiada.