EL AYUNO

Hace poco, llegó Tío Ismael. Nos hizo sólo una corta visita, porque no podía quedarse mucho tiempo.

Está a punto de comenzar el mes de ayuno, les dijo Tío Ismael a Hassan y a Layla, y para entonces me gustaría estar en casa.

Cuéntanos algo del mes del ayuno, dijeron Hassan y Layla.

Con mucho gusto, dijo Tío Ismael, y empezó: Tan pronto como, comienza el mes del ayuno, todos los musulmanes en América, en Arabia, en Europa y en el resto del mundo empiezan a ayunar. De momento, hacerlo todo el mes sería demasiado para vosotros. Pero cuando crezcáis, no tendréis ningún problema.

¿Qué es el ayuno?, preguntó Hassan.

Ayunar significa no comer, ni beber nada, respondió Tío Ismael.

¿Nada en absoluto?, exclamaron Hassan y Layla.

¡Absolutamente nada! respondió Tío Ismael, pero al ver su gran sorpresa, siguió explicando: Sin embargo, para que no sea imposible de soportar, podemos romper el ayuno por la noche. Esto quiere decir que en el mes de Ramadán ayunamos desde muy temprano por la mañana, hasta que el sol se pone, al atardecer.

¿Por qué tenemos que ayunar?, preguntó Layla.

Bueno, dijo Tío Ismael, con el ayuno aprendemos muchas cosas, tales como lo bien que Dios nos provee para que tengamos suficiente para comer durante todo el año, sin que tengamos que pasar hambre. Por lo tanto, el mes de Ramadán nos sirve de recuerdo cada año para que seamos especialmente agradecidos a Dios por el alimento que El nos ha dado. En otras palabras, ayunando aprendemos a apreciar el valor de la comida, a la que a menudo no damos importancia. Al no comer durante el día y tener que esperar hasta el atardecer, nos damos cuenta de lo buena que es la comida.

Layla pensó en lo que el Tío Ismael había dicho y estaba de acuerdo con él: Yo sé que si pudiera comer al día todos los dulces y golosinas que quisiera, y durante unos días no pudiese conseguir ninguno, me haría pensar en lo mucho que me gustan, comentó ella.

¡Exactamente, Layla!, dijo Tío Ismael. Pero existen además otras razones para ayunar. Cuando ayunamos, aprendemos a pasar el día sin comer. Esta experiencia es muy útil. Porque, si llegase un día en que no tuvieras nada que comer, no sentirías hambre tan pronto. Y no te asustarías porque sabes que ya has experimentado el ayuno durante el Ramadán. Entonces, serás capaz de esperar pacientemente hasta que consigas algo de comida.

¡Tienes razón, Tío, dijo Hassan. Una vez me olvidé de llevar el bocadillo al ir al colegio y pasé un hambre terrible durante el recreo. Pero si empezara a ayunar y aprendiera a soportarlo, no sentiría tanta hambre la próxima vez que olvidase mi bocadillo.

Tío Ismael sonrió. Así es, dijo, pero eso no es todo. Hay todavía otra razón mejor para ayunar. Cuando estamos ayunando, podemos también darnos cuenta de cómo se sienten los pobres cuando no tienen nada que comer y están a punto de morirse de hambre.

Al oír esto, Hassan se puso muy triste.

¿Cómo es posible que haya gente que no tiene nada que comer?, se preguntó. Pero entonces, se acordó de haber oído acerca de esos niños en el mundo que mueren de hambre cada día, o que simplemente tienen muy poco para comer. Hassan recordó también que cuando no quería terminar la cena, sus padres le decían: No debes desperdiciar la comida y dejar que se estropee. Hay mucha gente en el mundo que se muere de hambre.

Y aún hay más, dijo Tío Ismael, cuando ayunamos, no es sólo que pensemos en la gente que no tiene nada que comer. Tampoco nosotros comemos durante ese día. Esto significa que comemos menos y, por lo tanto, que estamos ahorrando comida. Esa comida que ahorramos debemos dársela a los pobres que pasan hambre. Por lo tanto, el ayuno significa comer nosotros menos para darles comida a los pobres.

Eso es buena idea, dijeron Hassan y Layla. Cuando llegue el Ramadán, nosotros vamos a ayunar. Les diremos a mamá y a papá que tomen el dinero que se ahorra en el ayuno para dárselo a los pobres que pasan hambre. Más adelante, cuando seamos mayores, ayunaremos todo el mes de Ramadán y entonces habrá más dinero ahorrado para que los pobres puedan recibir aún más de nosotros.

El Ayuno (Segunda parte)

Pasó algún tiempo y llegó el mes de Ramadán. Tío Ismael ya se había ido a su casa. Hassan y Layla se dieron cuenta de que sus padres se levantaban antes de lo normal, y les oían ir a la cocina. Era todavía de noche y estaban comiendo una comida que se llama el Sahur.

Hassan y Layla decidieron irse con ellos. Queremos comer el Sahur con vosotros, dijeron. Fue una sorpresa agradable para los padres, que se sintieron contentos de tener hijos que eran tan buenos musulmanes. Se sentaron y comieron todos juntos. Después hicieron juntos la oración de la mañana, y luego los niños se fueron de nuevo a la cama.

Un poco más tarde, Hassan se levantó para ir al colegio. Esta vez no había desayuno para él, ni bocadillo para llevar al colegio. Hassan tenía hambre, pero no decía nada. Al llegar el mediodía, tenía más hambre que nunca, pero pensaba en Tío Ismael que estaba en Palestina. Los musulmanes de Palestina estarán también ayunando y, con toda seguridad, Tío Ismael tendrá tanta hambre como él. Hassan pensó también en lo que Tío Ismael le había dicho: los pobres tienen hambre todos los días. Sin embargo, Hassan sabía que al atardecer podría comer algo y que también podría beber todo lo que quisiera.

Al acercarse la noche, la Madre puso una pequeña comida en la mesa. La comida de la mañana se llama el Sahur, y la comida de la noche se llama Iftar. La familia se sentó a la mesa y empezaron a comer. Pronto se les pasó el hambre.

Hassan y Layla se sentían muy contentos de haber superado tan bien su primer día de ayuno.

Algo más tarde, comieron una buena cena. Estaba deliciosa y todos la disfrutaron. Poco después, los niños se fueron a dormir. Hassan estaba muy cansado, pero antes de quedarse dormido, sus pensamientos volvieron a Tío Ismael y a las razones que les había dado para el ayuno de los musulmanes: quieren compartir su comida con los pobres.

Hassan estaba muy agradecido de que al menos él pudiera comer al llegar la noche. Los pobres no lo podían hacer. Tenían que seguir con hambre también por la noche. Hassan entonces dijo en su corazón: Doy gracias a Dios por darme suficiente para comer.

Estaba ya a punto de quedarse dormido, cuando de repente se acordó de una cosa. Saltó de la cama y se fue a donde estaban sus padres. No os olvidéis de levantarme para el Sahur, les pidió. Quiero ayunar también mañana, para que los pobres tengan más de comer.

Después de esto, se volvió a meter en la cama y pronto se quedó profundamente dormido.

El Ayuno (Tercera parte)

Layla también se levantó a la mañana siguiente. Después de tomar el Sahur, su madre le dijo: Antes de ayunar, se debe también decir la Niyya.

¿Qué es la Niyya?, preguntaron los niños.

Niyya significa intención, dijo la Madre. Cuando ayunamos, decimos: Voy a ayunar hoy todo el día, y después de decir esto, no comemos nada hasta la noche.

¿Cómo se dice eso en árabe?, preguntó Hassan.

No tienes que decirlo en árabe, respondió la Madre, pero es muy sencillo. Se dice: Wa bisaumi ghadan nawaitu.

¡Eso es muy sencillo de decir!, dijeron los niños y lo repitieron: Wa bisaumi ghadan nawaitu.

Esa misma noche, su madre les dijo a Hassan y a Layla que los musulmanes tienen también que poner la Niyya antes de empezar a comer el Iftar.

Y luego les explicó: La Niyya dice: Dios mío, por Ti he ayunado este día, y ahora comeré de Tu alimento. En árabe se dice: Allahumma laka sumtu wa 'ala rizqika aftartu.

¡Vaya!, exclamó Hassan, eso es bastante difícil.

El padre de Hassan estaba delante y oyó lo que el muchacho había dicho. Sí, dijo el Padre, no es fácil, pero si tuvieras que ayunar todos los días, entonces lo dirías cada noche y te sería muy fácil aprenderlo.

De acuerdo, dijo Hassan, pero como aún no lo sé, ¿podrías ayudarme a aprenderlo?

¡Claro que sí!, le aseguró su Padre, Pero creo que es mejor que digamos la Niyya juntos al mismo tiempo. Así, los niños podréis aprenderlo más fácilmente. Y después, podemos empezar a comer todos juntos.

Después de la cena, la Madre les habló a los niños de la Laylatu al qadr.

La Laylatu al qadr es una de las noches que hay al final del Ramadán, dijo. En esta noche nos quedamos despiertos para recitar el Corán y hacer muchas oraciones. Esta es la noche en la que, hace muchos años, el Ángel Gabriel habló al Profeta Muhammad por primera vez, y le dijo que fuese a las gentes a llevarles el mensaje de Dios: Dios ha creado a la. Humanidad. La Humanidad debe hacer el bien. Deben rezar a Dios y deben ayudar a los pobres y a los enfermos.

Después de escuchar esto, Hassan comprendió mucho mejor lo que el ángel había dicho: Los musulmanes debemos ayudar a los pobres, y esto quiere decir que debemos darles de comer cuando no tengan comida. Esta es la razón de que tengamos el mes de Ramadán; Hassan y Layla estaban ya deseando que llegara la noche en que podrían quedarse despiertos para la Laitu al qadr.